El teólogo jesuita, Xavier Quinzá, abrió este el ciclo de conferencias que organiza cada curso las Fraternidades Marianistas de Valencia, y que este año en comunión con la Iglesia universal y diocesana se centrará en el Año de la Fe.

En su conferencia, Quinzá disertó sobre el concepto de la Fe, un concepto que, según el teólogo, no es un concepto intelectual ni algo que se puede poser, “es algo real que Dios nos revela, un don que se percibe desde la experiencia del amor”.

Quizás por esa experiencia de revelación, según el ponente,  todas las grandes conversiones se realizan en torno a los 40 años, porque se trata de una edad de madurez personal en el que, a priori, están resueltas toda una serie de cuestiones personales.

A lo largo de una hora y quince minutos, Quinzá nos descubrió el concepto de la Fe a lo largo de toda la historia de la salvación, explicándonos que “nuestra Fe es una garantía de lo que esperamos”, sustentándose en las personas que han entregado su vida por la fe, “de forma que nuestro Dios no es un Dios que solo se me ha revelado a mí,  sino que se ha relacionado con la humanidad a través de los tiempos”.

Nos recordó el Dios de Abraham, Isaac y Jacob aquel Dios que nos llamar a salir de lo propio, el que promete y obra un futuro mejor y nos acompaña en el camino de la salvación, así como el Dios de Moises, que está cerca de su pueblo durante el éxodo por el desierto, caminando junto a él, purificándolo hasta llegar a la tierra prometida. Además, nos acercó al  Dios de Samuel, Elías y otros profetas, como el Dios que  hace habla en su nombre, celoso y pacificado, que denuncia y consuela.

También, Quinzá siguió profundizando en el Dios de Jesús, el que está implicado en nosotros, sin el que, no se puede explicar la historia de Israel, “un Dios de Yo para ti y tu para mí”, plantando su tienda en medio de nosotros, bajando a nuestra fragilidad y a nuestro condición humana, identificándose con el hombre hasta en el pecado, redimiéndonos.

De esta manera, Dios, a través de su Hijo, Jesús, nos revela verdadero rostro, y no lo hace a lo grande, sino de forma sencilla, se nos revela por los pequeños, en lo escondido, vinculándose e identificándose con la suerte y misión de Jesús.

Y concluye, explicándonos que debe significar para nosotros creer y tener fe, que no es otra cosa que tener expectativas de futuro, un aval de de lo nuevo, de lo que tiene que venir, es decir, el compromiso de Dios con el tiempo presente, de que voy a encontrar la verdadera vida.

Creer en Jesús es una prueba de realidades que no se ven y participar en la fuerza del amor.

 

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